Comunicación virtual en la relación analítica

Comunicación virtual en la relación analítica

(Una viñeta clínica sobre las vicisitudes de un análisis vía Skype, sin conocimiento presencial previo).

Autora Gloria Gitaroff

publicado en el Jornal da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre Nº1,Julho 2014.

 

Mario había nacido y vivido en Buenos Aires hasta que se fue a estudiar al exterior, y después decidió quedarse a vivir allá, lejos de su  idioma: el de la infancia, la intimidad, el insulto, el chiste, la ironía.

Intentó sin éxito analizarse con algunos analistas de la ciudad en que vivía.  No sentía que pudiera hablar de sus cosas en otro idioma que no fuera el suyo.  En un momento  conoció a Juana, también de Buenos Aires, que se había mudado a la vecindad. Al enterarse que ella continuaba su tratamiento por Skype, le contó su situación, y ella le ofreció consultarle a su analista, por un analista para él.

Esto me contaba una supervisada, a quien Mario había sido derivado; traía sus dudas con respecto a aceptar analizarlo por Skype en esas condiciones, una situación atípica para ella y para mí.

Las dudas no provenían de que tuviera que analizarlo por Skype, sino de lo atípico que le resultaba  iniciar un tratamiento por Skype desde cero, esto es, sin haber conocido personalmente al paciente.

Antes de continuar con esta historia, quiero mencionar que la situación de utilizar los medios técnicos de que se dispone no es nueva, sino que  tiene larga data. Freud se “analizó” en su correspondencia con Fliess, o supervisó por carta a Lou Andreas – Salomé y otros discípulos; Mauricio Abadi, psicoanalista argentino por su parte, llevó adelante tratamientos por  fax, y ya  en el 2003 siete analistas en el Boletín de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) dieron su opinión sobre el análisis por teléfono. Había voces a favor, otras tibias y otras decididamente en contra, considerando que “no es psicoanálisis” tal como sucede ahora, que contamos con el Skype.

En este momento los analistas nos seguimos reuniendo a pensar en los demás recursos tecnológicos de que disponemos, en qué circunstancias  sí y en cuáles no, cuándo, cómo, siempre dejando abierta la reflexión metapsicológica a partir de la clínica.

Sin duda que la riqueza de elementos que otorga al analista un psicoanálisis “tradicional” son preferibles, pero la tecnología otorga la  posibilidad de continuar un análisis en forma transitoria o permanente utilizando esta herramienta, en situaciones como la emigración, o una ausencia prolongada, una enfermedad, e incluso llega a  ser una salida válida, cuando  el tránsito cada vez más complejo de las ciudades, vuelve extenuante  o imposible el traslado de la casa al consultorio

El avance tecnológico es un fenómeno reciente y complejo, que introduce modificaciones no solo en la forma de comunicarse (o no comunicarse) repercute en la subjetividad, y presenta múltiples aristas a considerar, como la no menor de ser a la vez espectadores y actores de estos cambios, sin la distancia histórica suficiente para estudiar hechos que nos involucran.

Mi interés por traer la situación de Mario en particular reside en  que,  además de reemplazar la presencia por la  imagen en una pantalla, como en todo tratamiento virtual, esa imagen no remitía a una presencia anterior.

Decidimos que la analista  iniciara lo que Freud llama “un tratamiento de prueba” para decidir sobre la viabilidad del encuadre. Se investigaron  los motivos de su búsqueda de un analista  por Skype, la necesidad de  analizarse en su idioma natal, su emigración y antes, la de sus padres, y el esfuerzo mayor que significaba para la analista en relación a otros tratamientos virtuales.

Por el lado de la analista, quedó abierta la pregunta acerca de qué de ese esfuerzo provenía del encuadre, o de elementos no interpretables al menos en ese momento del análisis.

Después de un  tiempo el paciente viajó a Buenos Aires, por un mes.  El primer encuentro fue embarazoso para ambos, se sentían “raros” por  conocerse tanto y al mismo tiempo, encontrarse por primera vez.  Incluso raros por escuchar  sus voces, distintas a las que les llegaba por Skype. Transcurrido el mes, se encontraron con la situación inversa: volver a la imagen de la pantalla Tuvieron oportunidad de  analizar la separación, la pérdida, y la recuperación.

La experiencia de haberse encontrado le dio otro matiz al encuadre, otorgándole lo que les había faltado: la rememoración de la presencia, para asimilar las mutuas imágenes de otra manera. Había disminuido el plus de ausencia y de distancia, y se convirtió en un análisis virtual “normal.”

La relación analítica previa con la presencia del analista y del paciente en un mismo tiempo y lugar es el reservorio que compensa, en alguna medida,  la ausencia física, y  el riesgo de distorsión virtual del tratamiento disminuye notablemente, si puede ser detectada y analizada.   Uno de los temas a trabajar es la idealización, es decir el riesgo para el paciente de convertir al analista en el único analista posible.

Después de haberse visto en Buenos Aires, Mario sigue con su análisis a distancia, y los temas se fueron deslizando de la pregnancia de la no presencia concreta  de ambos a otros temas , aunque  la analista no ha dejado de vez en cuando de pensar cuánto menos esfuerzo sería para ambos compartir la misma geografía.