Visita al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires

Visita al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires

Bellas Artes y sus nuevas ventanas

Visitar el museo es encontrarse con una entrada que le hace honor, desde las nuevas elegantes puertas y la amplitud del hall, que supo albergar el año pasado una visita extraordinaria, la escultura de "el portador de una lanza", el Doríforo, bello y a la vez imponente, que el Museo de Nápoles prestó en julio de 2011 y se quedó durante tres meses.

En cambio, cada vez que voy al Museo, los salones dedicados al impresionismo me hacen añorar los colores y la luz anteriores a la última reforma, cuando las paredes no competían con los tonos de los cuadros de los maestros, ni apagaban su luminosidad, y cuando las referencias podían ser leídas sin dificultad.

La oscuridad campea también en la muestra actual, dedicada al arte cinético, que acabo de visitar, por la que deambulan espectadores que parecen fantasmas en la penumbra, hasta que de pronto, uno se encuentra con lo opuesto, donde se abren los nuevos ventanales que, a plena luz, dejan ver la fachada de la Facultad de Derecho e iluminan a pleno las obras allí expuestas, que perteneciendo a la misma muestra, parecen de otra familia, la familia que disfruta de la luz.

No soy artista, arquitecta, ni crítica de arte, sino simplemente una asidua frecuentadora de museos de arte a quien le cuesta entender el resultado de este nuevo criterio de diseño.