Cartas a Los Jonquières, de Julio Cortázar.

Cartas a Los Jonquières, de Julio Cortázar.

Cartas Cortázar - Jonquières: reencuentro en el Museo Sívori

Cartas de Cortázar a Jonquières

 

Julio Cortázar le escribe a los Joquières, su amigo, desde París, Eduardo es poeta y pintor, y también le escribe a María, su mujer, a quien le debemos el hallazgo y la publicación de las cartas (Julio Cortázar - Cartas a Los Jonquières, Santillana, Buenos Aires, 2010).

50 años después, las obras de Eduardo Jonquières llegan al Museo Sívori de Buenos Aires, por un préstamo del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de la Plata (Macla), su lugar de residencia.

Llegan de la mano de las cartas de Cortázar, el amigo entrañable, en una muestra que los reúne.

A mi vez, llegué a la muestra del Sívori, con la curiosidad de conocer la obra de quien fuera el destinatario de esa deliciosa colección de cartas donde Cortázar, con una frecuencias casi semanal, le cuenta con absoluta sinceridad y pudorosa reserva sus primeros momentos en París, sus vagabundeos por la ciudad, por museos y conciertos, así como el nacimiento de sus cuentos, lo que piensa acerca de ellos, y también cómo extraña Buenos Aires, aunque París le atraía tanto.

Con letra pequeña, sin dejar márgenes, en fino papel de avión para ahorrar franqueo, porque hasta unas estampillas desequilibraban su magro presupuesto de traductor, esas cartas pasaron a formar, no hace mucho, parte de un libro que volvió a unir sus nombres en la lejanía.

Cortázar y su amigo JonquièresEs que Cortázar no había tenido más remedio que irse, porque la opresiva Buenos Aires de los años ‘50 le hacía daño, aunque no lo supo a ciencia cierta hasta que, al visitar al médico por sus migrañas y alergias, después de escucharlo atentamente le dijo:  “Lo suyo no es una enfermedad, es una opinión. Váyase.”

Pero volvamos al Sívori, y mientras recorro los cuadros en su rigurosa geometría, en el atardecer que anuncia la no lejana primavera, me llega el sonido acompasado de los golpes de una maza sobre la madera. Son los aspirantes a escultores del cuarto contiguo, a los que se suma de tanto en tanto el ruido del paso estremeciendo el terraplén. Recorro los cuadros geométricos, coloridos, precisos y llego a una vitrina donde está el libro, la foto de los dos amigos y leo las líneas finales de un poema escrito por Cortázar en París, en 1979, "Pinturas de Jonquières":

De pronto el ojo es plenitud de tacto
mano de la mirada resbalando
por blanco, por azules por triángulos
donde la forma y el color
sin otro empleo que este justo encuentro
que los rescata de las servidumbres
(manzanas, rostros o batallas)
limpio recinto de la línea
cartografía de final de viaje.

Me fui, agradecida a María, la mujer del pintor y poeta que quizás paliando el dolor por la muerte de su maridoobra de Jonquières, encontró las cartas que Cortázar le envió, y las entregó para ser publicadas. Gracias por tanto disfrute con la sensibilidad, el humor entre los casi hermanos, y la preocupación de uno por el otro, al tiempo que nos invita a adivinar, sin mucho esfuerzo, las respuestas perdidas entre los muchos viajes que, con su espíritu viajero, hizo Cortázar en su vida.

La muestra del Sívori terminó, pero no es difícil de reconstruir: basta con buscar el libro en alguna librería; los cuadros retornaron al Museo de Arte Moderno de la Plata, hermosa ciudad para visitar, y los aspirantes a escultor se vuelven a reunir, sábado a sábado, mientras siguen pasando los trenes sobre el terraplén, al final del jardín.  .