El viejo y el mar, de E. Hemingway y El malestar en la cultura, de S. Freud

El viejo y el mar, de E. Hemingway y El malestar en la cultura, de S. Freud

La casualidad me deparó leer al mismo tiempo El viejo y el mar de Hemingway[i] y El malestar en la cultura[ii], de Freud.

La lucha contra la Naturaleza, el desafío que en última instancia traerá tarde o temprano la derrota, que no impide que el riesgo sea asumido de todos modos, sumado a la emoción que me deparaba la lectura, donde sin haber conocido jamás la experiencia de la pesca, la tenía, junto a la incertidumbre, los días y noches lejos de la costa, el dolor lacerante de las manos y la espalda despellejadas por el correr del sedal. Estaba yo también ahí, con ese viejo que no contaba con otro recurso para no desfallecer que el de hablar de lo que iba sucediendo, o quizás por eso, porque lo ponía en palabras, me iba haciendo cargo de la expectativa, de la leve ilusión, del rehacerse con el resto de fuerzas que parecían ser las últimas.

 

Crecía mi avidez por llegar al final junto con el deseo de que se resolviera de una vez, como fuera, porque la tensión se volvía insoportable, al mismo tiempo que en sordina, hacía el intento de imaginar qué podía suceder en las pocas hojas que faltaban.

El viejo y el mar y malestar en la cultura, en una de sus facetas, la lucha contra la Naturaleza, el desafío y el intento de vencerla, y los riesgos asumidos para lograrlo, los encontré después, por supuesto, cuando la emoción cedió, cuando la estela de lo sentido se fue aquietando.

Cuando pude rehacerme, dejar atrás los días y las noches del Mar del Caribe que había pasado en su compañía, entonces leí el prólogo (siempre leo los prólogos al final, cuando nada de lo que digan pueda empañarme el disfrute de llegar inocente a lo que ese escritor haya preparado para mí, y lo que yo, sin condicionantes previos pueda dejar hacer a mi propia lectura).

En la edición que cayó en mis manos, el prólogo es de Juan Villoro, y por él me entero de la similitud de la epopeya de Santiago (el viejo de la novela) que ha transcurrido 84 días sin pesca y que quiere conseguir ese gran pez a costa de arriesgarse como nunca antes, a internarse en un mar peligrosamente adentro, con la epopeya vivida por Hemingway.  Había estado padeciendo algunos años de poca creatividad, y busca regresar a la ficción. No busca un regreso sin gloria, y lo logra, llegando a escribir, según dice William Faulkner en la contratapa, “Su mejor obra. El tiempo demostrará que es la mejor que cualquiera de nosotros haya escrito, y con eso me refiero a sus y mis contemporáneos.”

Si no hubiera ganado con ella el premio Pulitzer, ni más tarde el premio Nobel, no hubiera sido menos logrado el desafío que él mismo se impuso.

No diré cómo es el desenlace ni hasta dónde llegan las similitudes entre ambas epopeyas, sería una falta de respeto para con el escritor, que administró con maestría cada línea de su obra para llegar al final.

Volviendo a El malestar en la cultura, y su relación con el viejo y el mar, (que sin duda merecería un estudio más detallado que estas primeras aproximaciones) además de la lucha con la Naturaleza, el conocimiento de que es una lucha que en algún momento se va a perder, está la presencia del padre protector trasladado a otro personaje (Joe di Maggio) la ambivalencia del personaje frente a la religiosidad, el amor sublimado por el muchacho, ese muchacho cuyo padre recela del viejo y desdeña lo que el chico tanto aprecia de él. Un padre que rivaliza y lo separa de la oportunidad de la tradición que el viejo puede transmitirle. Un padre que lo separa de esa relación que no puede proporcionarle dinero y lo obliga a buscarlo en otra pesca que solo lo conectará con lo material.

Y pensar que, como dice Villoro, todas estas emociones y reflexiones a las que me convoca Hemingway y todas las otras que resonarán en los demás lectores, las logra solo con sus recursos de gran escritor, sin nombrarlas, sin introspecciones ni sentimentalismos, solo con el lenguaje de los hechos…


[i] El viejo y el mar, Ernest Hemingway, con prólogo de Juan Villoro, traducción de Lino Novas Calvo, Buenos Aires, Editorial De Bolsillo, 9a edición, 2012.

[ii] El malestar en la cultura, Sigmund Freud, (1930ª) Buenos Aires, Amorrortu Editores, Tomo 21 p. 57.