Comentario de "Nuestros miedos"-el juego de los poderes

Comentario de "Nuestros miedos"-el juego de los poderes

 

Alegre Romano.

El primer  encuentro con un libro  tiene algo de ritual personal y al mismo tiempo, según pudimos comprobar  en un grupo de investigación sobre las dificultades de la  escritura psicoanalítica, realizado en la Asociación Psicoanalítica Argentina, ese encuentro suele tener un cierto recorrido que se inicia por la tapa, antes de ceder la tentación de dar vuelta el libro para ver la contratapa. Una vez hecho esto, se sigue con una serie de pasos que suelen ser aproximadamente los mismos.

En primer lugar, nos encontramos con el autor, en este caso la autora, a quien conozco desde aquellos  tiempos previos a la posibilidad legal de los psicólogos de entrar a la institución a la que ambas pertenecemos,  APA; tiempos del Post Grado en Psicoanálisis en la Universidad de Belgrano.

El título, “Nuestros miedos”  anticipa que se trata de explorar  un sentimiento  a la vez plural y patrimonio de los seres humanos.

El subtítulo  enlaza  los miedos al “juego de los poderes” una dupla que despierta curiosidad, así como la expectativa de que,  a medida que avance el libro, se aclare esa relación.

Cuando recorramos el índice, la primera y segunda parte, (de las tres que contiene), completa el  título al mencionar dos ámbitos donde pensar los miedos: en las familias y en la cultura, que suponemos detentadores del tales poderes puestos en juego.

Siempre en la tapa,  una sugestiva e inquietante lustración, en  la que en un primer plano muy iluminado aparece una  joven ¿o diríamos más bien una doncella en el lenguaje del Renacimiento? Está  sumida en un lánguido y erótico sueño, que se transformará en pesadilla a juzgar por el monstruo a punto de acosarla desde la oscuridad, mientras un  caballo fantasmal observa la escena. 

Justamente  los temas del pintor John Heinrich Füssli son, además del erotismo, el miedo, el  horror, el satanismo y la soledad, y la pintura se llama La pesadilla.  Entramos así en tema por sus costados más inquietantes.

El paso siguiente será por lo común leer la contratapa, que aparto por un momento, para buscar otros indicios al abrir el libro y recorrer las primeras páginas.

En la introducción la autora da sus motivos para escribirlo: encontrar el miedo a menudo en la vida cotidiana, la literatura y  la clínica, pero no suficientemente abordado teóricamente.  En el epígrafe de Paul Eluard del primer capítulo, cuyo título es “No tengas miedo”, sugiere, según creo,  una nueva motivación: “Yo escribo sobre estos temas solamente cuando la circunstancia exterior coincide con la circunstancia del corazón”.

Ahora sí, volvamos a la prometida contratapa, donde Nicolás Cerruti acerca una interesante semblanza del libro y de la oportunidad que brinda de entender un poco más sobre qué es este tema y de llegar a nuestras conclusiones particulares sobre los miedos y qué hacer con ellos”.

Destaco allí lo que dice acerca de que “es un libro único en su género”, y yo agregaría un género creado por Alegre para la ocasión, al no  atarse a la estructura de los ensayos tradicionales, que  en términos generales siguen el esquema introducción – desarrollo de las ideas – conclusiones.

El otro motivo para considerarlo de este modo, es porque  a partir de un término no psicoanalítico, va desplegando su sentido en  múltiples facetas desde la psicoanalista que es, sirviéndose con libertad de pensadores,  filósofos y escritores de todas las épocas,  así como de Freud, Green o Winnicott, entre otros,  a lo que suma, cuando lo considera necesario, su propia experiencia clínica.

La estructura de la obra es radial, situando  en el centro la palabra  miedo y desde ese significante va  situando en los extremos, los elementos con los que va a establecer una relación, dejando a los lectores la posibilidad de encontrar el resultado de conjunto.

Esta estructura radial favorece que el libro se lea como una novela de suspenso, al no saber el lector cuál será el próximo elemento a considerar.

El tema del pensamiento tiene un lugar esencial.  Alegre lo define  como un  ir a la búsqueda de significaciones nuevas, usando todo de lo que disponemos, ideas propias y ajenas, vivencias y recuerdos, así como  del caudal de  experiencia vital y profesional. Es  unpensamiento que avanza y vuelve sobre sus pasos,  que se organiza bajo una forma lógica, que se completa o desecha como los andamios de una obra cuando está concluida, con el consabido premio: los afectos placenteros  que otorga el intelecto cuando, en sus adelantos y retrocesos logra ir más allá del punto de partida.  En otras palabras, este libro es un intento constante de diferenciación cada vez más fina de los conceptos en sí y con otros conceptos, como el estribillo  que se va repitiendo y a la vez variando a lo largo de una composición musical.

Pero además, este libro  es a la vez pensamiento y puesta en obra de lo pensado, una suerte de trabajo práctico en sí mismo  sobre lo abstracto, la reflexión de la reflexión, o dicho de otra manera, un meta - pensamiento que se piensa a sí mismo, y que acoge para entrar en su análisis lo que en su recorrido se le va presentado.

A manera de epílogo, aparece la voz de la autora despidiéndose del miedo que la ha acompañado hasta entonces, en un final sorpresivo que por cierto no voy a revelar.

Como dije, este libro es un intento constante de diferenciación, cada vez más fina, de los conceptos en sí y de su relación con distintos conceptos: algunos de los cuales son poder, angustia y amor, dominio, miedo alojado en el pensamiento o en el afecto, miedo al miedo, miedo a pensar, miedo como refugio contra el cambio… y también, como útil señal de alarma que moviliza a la acción, o que por el contrario, tiene un  efecto inhibidor de toda acción.

Todos los miedos tienen en común una historia que nos antecede, lo que la autora caracteriza como “miedos ancestrales”, algunos reflejados en la pintura de la tapa,  que me llevaron a evocar a Cervantes,  cuando  relata  cómo  Don quijote y Sancho Panza,  huyendo maltrechos de alguna aventura,  se encontraron con tales miedos (“primarios sufridos y olvidados, al decir de Alegre):    “Era la noche, como se ha dicho, oscura, y ellos  acertaron a entrar entre unos árboles altos cuyas hojas movidas del viento hacían un temeroso y blando ruido de manera que la soledad, el sitio, la oscuridad, el ruido del agua y el susurro de las hojas, causaba horror y espanto…   [1]

Ya que hablamos de  miedos, es posible  que, a la hora de trasladar su pensamiento a la letra escrita,  Alregre habrá sentido, como todos nosotros, ese miedo  a escribir, ligado a la emergencia de lo inconsciente inevitablemente convocado por la palabra tanto hablada como pensada o escrita,  y que tan poéticamente  expresa la escritora Clarice Lispector:  “Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso hurgar en las profundidades [...] pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar.[2]

Si Alegre se encontró  ese miedo a escribir, (que forma parte del variado grupo de  “resistencias a escribir”)  es evidente que se sobrepuso, autoanálisis o análisis mediante, ya que su libro está aquí, para dar a conocer la naturaleza de nuestros miedos es decir para acceder a la libertad, esa libertad que da el conocimiento; y ser conscientes de nuestros miedos es el primer paso hacia la libertad individual y también colectiva.


[1] Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Tercera parte, capítulo XX, p. 148), Edición de Joaquín Casalduero, Madrid, Alianza Editorial, 1984.

[2] Clarice Lispector Un soplo de vida, Madrid, Siruela, 1999