A 50 años de Rayuela

A 50 años de Rayuela

Portada de Rayuela

Cualquier momento es bueno para acordarse de Rayuela, leerla de nuevo o mejor aún, abrirla por cualquier parte pero, afectos a las celebraciones como somos, este es un momento especialmente propicio,  el de los 50 años de su aparición, sorpresa, encantamiento, revelación, suma de circunstancias para que un escritor cuasi desconocido encontrara su editor, y los lectoresdescubrieran una  novela entusiastamente distinta, apetecible, sorpresiva, como esos encuentros librados al azar entre la Maga y Oliveira, con que  empieza el Capítulo 1 (siempre que  uno sea un lector convencional,  “que se da citas precisas” o que “aprieta desde abajo el tubo de dentífrico”.)

Pero, si se es ese otro tipo de lector, que se parece a sus protagonistas, o que hace lo imposible por parecerse y “encontrar el otro lado de la costumbre” empezará “este libro que es a su manera muchos libros, pero sobre todo dos libros”, y seguirá  el tablero de dirección  propuesto por Cortázar, empezando a leer npor  el capítulo 74, que se convierte en primero, y el primero pasará  a ser el segundo, pero cuando llegue se encontratá que, de todas maneras, dice:

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo, de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas…”