Gracias María Elena Walsh

Gracias María Elena Walsh

 

La frase “La tierra de uno” aparece sin avisar en algo que estoy escribiendo ahora,  y ni bien lo escribo caigo  en la cuenta que se han  hecho mías las palabras que ella escribió en su serenata, la  que dio la vuelta al mundo y que nos enternece cada vez que la escuchamos.

Digamos que la tierra de uno es la de los afectos, los amigos, los padres, los antecesores, es la tierra donde se va creando día a día el idioma que nos pertenece a todos.

Pero también la tierra de uno lo es porque se une con la argamasa de los creadores que todos conocemos, que disfrutamos y compartimos, y que están ahí, amparándonos en las buenas y en las malas.

María Elena estuvo con nosotros acompañándonos a crecer, a disfrutar de sus entrañable Manuelita, la que vivía en Pehuajó, de la hormiga Titina y su sombrilla de flor amarilla o del doctor que llegaba  en cuatrimotorrrr.

María Elena jugaba con las palabras, y nos enseñó a jugar, pero también  cuando el sol se oscureció en el cielo, salió a decir lo que pocos se hubieran atrevido: aquellas desventuras del país- jardín de infantes en que nos habíamos convertido, como ella denunció con lucidez.

Cuánto la necesitamos, tanto a ella como a otros creadores convertidos sin proponérselo en portadores de buenos proyectos, que  nos unan, como sucede con María Elena en canciones que todos conocemos, que albergamos en nuestras casas, donde seguro que no faltan sus libros, su inteligencia y su alegría, y nos ayuden a construir juntos en lugar de separarnos.

Gracias, María Elena, por ser parte de lo más profundo de nuestro ser, y la de todos aquellos que compartimos y compartiremos la dicha de seguir teniéndote con nosotros en ésta, nuestra tierra, la “tierra de uno”.