Crónicas de Bs. As

Gracias María Elena Walsh

 

La frase “La tierra de uno” aparece sin avisar en algo que estoy escribiendo ahora,  y ni bien lo escribo caigo  en la cuenta que se han  hecho mías las palabras que ella escribió en su serenata, la  que dio la vuelta al mundo y que nos enternece cada vez que la escuchamos.

Digamos que la tierra de uno es la de los afectos, los amigos, los padres, los antecesores, es la tierra donde se va creando día a día el idioma que nos pertenece a todos.

Pero también la tierra de uno lo es porque se une con la argamasa de los creadores que todos conocemos, que disfrutamos y compartimos, y que están ahí, amparándonos en las buenas y en las malas.

María Elena estuvo con nosotros acompañándonos a crecer, a disfrutar de sus entrañable Manuelita, la que vivía en Pehuajó, de la hormiga Titina y su sombrilla de flor amarilla o del doctor que llegaba  en cuatrimotorrrr.

María Elena jugaba con las palabras, y nos enseñó a jugar, pero también  cuando el sol se oscureció en el cielo, salió a decir lo que pocos se hubieran atrevido: aquellas desventuras del país- jardín de infantes en que nos habíamos convertido, como ella denunció con lucidez.

Cuánto la necesitamos, tanto a ella como a otros creadores convertidos sin proponérselo en portadores de buenos proyectos, que  nos unan, como sucede con María Elena en canciones que todos conocemos, que albergamos en nuestras casas, donde seguro que no faltan sus libros, su inteligencia y su alegría, y nos ayuden a construir juntos en lugar de separarnos.

Gracias, María Elena, por ser parte de lo más profundo de nuestro ser, y la de todos aquellos que compartimos y compartiremos la dicha de seguir teniéndote con nosotros en ésta, nuestra tierra, la “tierra de uno”.

Caloi y el psicoanálisis

Caloi
En este día tan triste, quisimos compartir con ustedes algo del calor de  aquel momento que pasamos con Caloi, en que nos recibió a nosotras, cuatro psicoanalistas, en su casa de San Telmo, haciéndonos sentir muy bien, presididos por un dibujo muy grande de Clemente con su camiseta a rayas, sobre una de las paredes blancas del living.

Nos sentamos en los sillones de paja con almidones floreados, a la vera de mesas enormes con luces poderosas y llenas de papeles y pinceles. Caloi nos ofreció a las cuatro de la tarde la divertida alternativa de tomar agua… o champagne.

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San Juan y Boedo: los que son, los que fueron

http://4.bp.blogspot.com/_mFCnpdGqe8E/TMuRQP47trI/AAAAAAAAAYc/VDAdBZEPGmk/s320/isidoro+blaisten+%281982%29+fondo+inventado.jpgYo no sé qué incierto azar, qué trabajado destino –“el azar o el destino (ambos términos son sinónimos)”, escribió Borges–  quiso que yo permaneciese durante siete años en una galería perdida, en esa esquina de Boedo y San Juan.En esa esquina tuve una librería y pasé siete años de mi vida esperando resolver mis urgencias económicas. Mis urgencias económicas continúan pero hoy, de San Juan y Boedo, del barrio de Boedo, recuerdo una etapa feliz, desenfadada y terminada. De San Juan y Boedo recuerdo lo que he escrito.Recordaré, seguiré recordando, al que nunca compraba, a la novia de América, al juguetero que murió la víspera de Navidad, y a todos aquellos que ya no están y que hace siete años estuvieron. Estuvieron y me visitaron y se sentaron a la mesita de esperar, y me acompañaron en innumerables tardes, en innombrables crepúsculos, en desoladas mañanas. Ellos son, fueron: Aída Carballo, Ulyses Petit de Murat, Juan José Ceselli, Ángel Reta.Quizás el único homenaje personal e intransferible que yo les haya dejado es lo que he escrito. No sé si el tiempo permitirá su permanencia, pero sé que en esa esquina, en esa librería que se llamo “San Juan y Boedo” escribí tres libros.

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